Pero primero. Gente más menuda, ¿ya habéis preparado el billete para poder subir al autobús?
Cuando he leído esta comunicación, no he podido menos de pensar en vosotros y decir: Gracias, gracias, gracias equipo.
JÓVENES ESTIVALES
Abundan las imágenes de jóvenes en verano. Las
televisiones y las redes se llenan de fotos y vídeos de macroconciertos,
fiestas populares, playa, discotecas y movidas estivales en los que miles y
miles de adolescentes y jóvenes combaten el tedio con el bañador o la ropa
ligera en medio de masas uniformadas de chicos y chicas de la misma edad.
El Sónar, el Ron Barceló, el Mallorca Live… cientos
de festivales animan con decibelios desbocados tantos encuentros
multitudinarios de jóvenes sedientos de adrenalina y experiencias intensas.
También los festejos populares congregan a miles de
chavales ruidosos que, como en los encierros, corren huyendo de la realidad
diaria, a veces poco esperanzada, para hacer una experiencia colectiva de
fraternidad y desproporción.
Con frecuencia los medios hacen hincapié en los
desmanes, las peleas, las drogas, las agresiones y el vacío que muchos jóvenes
llevan dentro y que buscan llenar con conductas autodestructivas.
Bronceados, morenos, con cuerpos esculpidos en
gimnasios, exhiben frescura y diversión por todos los poros.
Pero rara vez aparecen otros jóvenes estivales que,
siendo también fiesteros y festivaleros, entregan su vida en verano para
construir, desde el voluntariado, un mundo más humano y fraterno.
Ahí están los miles de monitores y monitoras de
Campamentos, Ludotecas y Colonias que educan y alegran a tantos niños y niñas.
Ahí están los que acuden a barrios humildes para colaborar en el Tiempo Libre
veraniego de criaturas que no tienen vacaciones. También están los que se van
al Tercer Mundo a hacer experiencias de voluntariado con personas de pueblos
crucificados intentando ser cireneos en esos dolorosos ámbitos donde la miseria
se fusiona con las ganas de vivir.
Los hay en los Campos de refugiados, en las zonas
de exclusión y miseria. Pululan otros jóvenes sembrando humanidad en las
fronteras donde el primer mundo cierra las puertas a las masas de apátridas que
buscan vivir en paz.
Los encontramos en Hospitales acompañando ancianos
o niños con enfermedades terribles. Hay chavales que se convierten en
lazarillos de niños discapacitados o de abuelos que están solos. Otros reparten
alimentos, compañía y sonrisas en los ámbitos de pobreza.
Se embarcan otros en barcos aventureros que tienden
una mano a quienes llegan en patera huyendo del horror. Hay quien enseña
idiomas para los que llegan atemorizados buscando acogida y empiezan
presentándose con el idioma universal de la sonrisa.
Hay tantos…tantos chicos y chicas jóvenes que,
también en verano, hacen de la solidaridad un estandarte, que merece la pena
que se les recuerde. No se les suele nombrar, no están bajo las luces de
luminotecnias fascinantes, no retumban bajo millones de decibelios, pero ahí
están, llenando de luz un mundo oscuro y haciendo ruido con los latidos de su
corazón.
JOSAN MONTULL (Salesiano de Huesca)
Gracias, chicos y chicas y gracias también a Josan por este artículo y por visibilizar lo que no aparece en los medios.